Desde mi ventana, amanece de nuevo, GRACIAS, gracias por otro día más, gracias por otro día menos, todo sigue su curso, como una secuencia grabada, como el río que avanza sin que nada lo haga cambiar de trayecto, buscando su meta, su mar, como un camino que solo tiene una dirección, es mi camino, mi río, mis circunstancias, mi destino, mi mar, imperturbable, constantemente hacia delante, siempre hacia delante.
Desde mi ventana, un día de luz, de baño de sol, por fin desconectado de mi Wilson, puedo moverme con más libertad. Levanto la cabeza y ella sigue ahí, pegada a la ventana de las visitas, mi compañera, mi referente, mi guía fuera de estas cuatro paredes, la que me alienta y me despierta todas las mañanas con su sonrisa, ya queda menos.
Desde mi ventana, ayer fue un día de visitas extrañas, unas deseadas, otras me hicieron reflexionar sobre que es lo que necesito en estos momentos, es compasión?, leía el otro día en un post compartido por mi amiga Manola ("La consulta del Dr. Casado) que la compasión no debe ser entendida como pena
, una mal entendida piedad ó de lastima, la compasión debe ser la capacidad de padecer-con, de empatizar profundamente, pero para ello sería necesario mejorar en la capacidad de ser empático, compasivo,...humano.
Es difícil saber lo que realmente piensa la gente tras el cristal, los sentimientos que pueden aflorar, pero lo que menos necesitamos es piedad o lástima y lo que más es ver tras el cristal la sonrisa del que sabes está a tu lado CON PASIÓN. ANIMO

Gracias Pilar por esta preciosidad de Mario Benedetti, os la acompaño en versión leída y audio
MUCHO MÁS GRAVE
Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte,
cuando digo todas las parcelas,
no me refiero solo a esto de ahora,
a esto de esperarte y aleluya encontrarte,
y carajo perderte,
y volverte a encontrar,
y ojalá nada más.
No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llorá.
Y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizás por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero a solo a que día tras día,
aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades,
o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias,
o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.
No.
La cosa es muchísimo más grave.
Cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo,
también estas reescribiendo mi infancia,
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebran,
y vos en cambio sabés que eso no sirve.
Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia,
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos,
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo,
mi germen de alegría y regarlo mirándolo.
Quiero decir que estás sacudiendo mi juventud,
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos,
esa sombra que nadie arrimó a su sombra,
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas,
y quede la armazón de mi verdad sin proezas.
Quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia,
este extraño confín de angustia y nieve,
esta bujía que ilumina la muerte,
este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave,
Muchísimo más grave,
Porque con estas y con otras palabras,
quiero decir que no sos tan solo,
la querida muchacha que sos,
sino también las espléndidas o cautelosas mujeres
que quise o quiero.
Porque gracias a vos he descubierto,
(dirás que ya era hora y con razón),
que el amor es una bahía linda y generosa,
que se ilumina y se oscurece,
según venga la vida,
una bahía donde los barcos llegan y se van,
llegan con pájaros y augurios,
y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa,
Donde los barcos llegan y se van.
Pero vos,
Por favor,
No te vayas