El entorno más cercano sufre tanto o más que yo y además aguanta todas estas cosas con la suficiente entereza y aplomo, siento que esta carga, casi tan dura o mas que la mía recaiga en ellos, siento que su desesperación, sus dudas, sus lamentos e incertidumbres, invadan sus vidas desde aquel 5 de Diciembre, siento haber puesto sobre sus hombros esa carga familiar, laboral, de hogar, antes compartida. A veces la ansiedad que me produce el estar apartado de todos ellos, el haber tenido que renunciar a vosotros, sobre todo a ti, me desespera, me supera, me hace reaccionar de cualquier manera, indebida muchas veces, incontrolada, como buscando ese muro de las lamentaciones donde introducir un papel en el que exprese que la ausencia que suponéis cada vez es más difícil de llevar. Pero tengo claro y gracias a todos los que con pasión empujan y están ahí, que llegaremos a buen puerto. Tengo claro que si tengo que renunciar a tantas noches sin tu compañía para salvaguardar a nuestros hijos, a nuestro hogar a ti a mi, lo haré, aunque a veces sea incapaz de controlar mis reacciones y necesite expresar y sacar lo que uno lleva dentro.
Desde mi ventana, Wilson quedo atrás hasta la próxima, es curioso que uno, dentro del entorno más cercano sea donde se sienta capaz de hacer estas cosas, la necesidad de la compañía, de los afectos más cercanos, de las muestras de cariño y de apoyo es donde se hacen mas necesarias. En este camino no sobra nadie, pero mis imprescindibles menos, ellos y ella son el auténtico motor que me guía, que me lleva, que me aguanta, pero todo esto sin reciprocidad no conduce a buen puerto de ahí que el compromiso debe ser mutuo, cada uno debe asumir su papel, su rol, dentro de cualquier circunstancia anómala que se nos presente en la vida, pero siempre con la premisa de que la union, el entendimiento y el cariño son imprescindibles, sin ellos no somos nada.
Desde mi ventana, observó cada día a todos ellos, quiero que estén ahí, que sean los primeros, poder compartir contigo y con ellos cada momento, cada instante, como si fuera el ultimo, lastima que la rutina que nos invade y nos condiciona el día a día, se lleve por delante tantos momentos para compartir de otra forma, pero también hay que saber sacar luz y provecho de esas rutinas que llenan nuestros caminos y le dan sentido a nuestro día a día. Debemos compartir cada vez mas de estos momentos que nos ayudarán a ser mas fuertes a todos, a aprender a superar adversidades en común, que nos harán crecer en nuestras relaciones y ser más humanos, que nos harán estar cada vez mas unidos, mas queridos, mas amados.
Desde mi ventana, yo adoro a mi Dios, al que cada día esta pendiente de mi, de todo lo que ocurre a mi alrededor, el que me da fuerzas y encima es capaz de cargar con la cruz que le he encomendado. ANIMO